En materia educativa principia a trascender en nuestro país la educación virtual; comprendida como la utilización de nuevas tecnologías, que permiten el desarrollo de metodologías alternativas de aprendizaje, para aquellos alumnos limitados en tiempo o recursos económicos. La UNESCO la define como “entornos de aprendizajes que constituyen una forma totalmente nueva, en relación con la tecnología educativa... un programa informático, interactivo de carácter pedagógico que posee una capacidad de comunicación integrada”.
Hace unos días conocí las ventajas de American World University (www.awu.edu ), la cual funciona en Guatemala, Centroamérica y Panamá bajo la dirección del doctor Berny Orantes. Esta universidad está autorizada por el Estado de Misissipi, Estados Unidos y registrada en la asociación Mundial de Universidades y Colleges. Su vicepresidente, el doctor Amir Joushanpoosh, visitó recientemente nuestro país para refrendar la graduación de la primera promoción. No comentaré mi experiencia personal ni describiré cómo funcionan administrativamente, sino a señalar la competencia desleal que principia a generar su éxito.
Se dice, por ejemplo, que los títulos y diplomas que otorgan no son legales según el Artículo 87 de nuestra Constitución Política, pero obvian aclarar “salvo los dispuestos en tratados internacionales, como lo es el caso de las universidades virtuales según el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (GATS), que acuerda: ‘Los suministro más allá de la frontera –prestación de un servicio cruzando la frontera–’ (no requiere el desplazamiento físico del consumidor)”.
La educación virtual acompañada con etapas presenciales hace el proceso enseñanza–aprendizaje compatible con el entorno de trabajo, incrementa la responsabilidad y el interés por la investigación más allá del pénsum de estudios, el profesor o tutor es quien humaniza el vínculo entre la tecnología y el alumno y al igual que las universidades nacionales al final hay que presentar un ensayo o tesis.
La universidad virtual vino para quedarse, ha roto el viejo paradigma educativo vigente desde el 31 de enero de 1676, queda en sus graduados apoyar su evolución.
Escrito por: Mario A. Mérida G. para elperiodico.com.gt